¿Por qué es importante saber gestionar el estrés en el trabajo?

¿En qué consiste la gestión del estrés? ¿Cómo nos afecta en el ámbito profesional?

Estas son preguntas muy pertinentes teniendo en cuanta que muchos contextos laborales son muy dados a ponernos en situaciones incómodas ante las que debemos saber adaptarnos de la manera más rápida posible: presentaciones ante colegas de departamento, coordinación de un equipo para realizar un evento especial, acumulación de trabajo, and so on.

Sin embargo, no todo el mundo se las plantea, ya que muchas veces se cae en la trampa de considerar que el estrés es simplemente algo que toca sufrir, un tipo de malestar ante el cual no podemos hacer nada. Por suerte, la realidad refleja lo contrario.

¿Por qué deberíamos saber gestionar el estrés en el ámbito laboral?

Sería muy simplista asumir que el estrés es tan solo un problema private, propio de cada individuo; quien se estresa no lo hace porque su cerebro experimenta un cambio espontáneo, sino porque algo en su interacción con el entorno ha cambiado; por ejemplo, alguien le ha asignado una tarea a finalizar en 24 horas, y siente que no va a ser capaz de hacerlo. Dicho de otro modo, el estrés surge a caballo entre la persona y el contexto el que está esa persona, y tan válido sería decir que existen personas estresadas, como decir que hay situaciones estresantes.

Es por ello que no hay una receta mágica para hacer que el estrés desaparezca de nuestras vidas, como si al tomarnos una pócima nos rodease una burbuja de antiestrés: la realidad es que los contextos generadores de estrés no van a desaparecer. Sin embargo, eso no implica que no podamos hacer nada para gestionar de la mejor manera posible nuestros estos emocionales y, de hecho, la diferencia entre saber modular nuestro estrés y no saberlo hacer puede ser clave.

Es por ello que desde ámbitos como la psicología ya hace décadas que se investiga acerca de cuáles son las mejores estrategias de afrontamiento para adaptarse a situaciones de estrés, de manera que aún no siendo capaces de controlar todo lo que ocurra en nuestras vidas, aprovechemos nuestro margen de maniobra en aquello que sí podemos controlar.

Por ello, hoy en día contamos con algunas estrategias útiles y eficaces que, sin desmerecer la utilidad que la ansiedad y el estrés tienen para nuestra supervivencia y para predisponernos a solucionar problemas y evitar peligros innecesarios, nos ayudan a hacer que nuestras emociones jueguen a nuestro favor, y no en nuestra contra.

Como resultado, actualmente hay muchos profesionales que se forman en estos principios teórico-prácticos que ayudan a gestionar el estrés en el trabajo y que pueden ser aplicados tanto a uno mismo como a los demás, los grupos de trabajo. La importancia de aprovechar esto es elementary, especialmente en organizaciones en las que muchas veces se trabaje bajo presión, como veremos.

¿Cómo nos afecta la mala gestión del estrés en el trabajo?

Estas son diferentes maneras en las que pueden surgir problemas en el trabajo debido a una mala gestión del estrés, con ejemplos.

1. Propensión a experimentar conflictos

En el contexto de las organizaciones es inevitable que de vez en cuando surjan choques de intereses; sin embargo, la clave está en cómo se solucionan estos conflictos. Saber adoptar una actitud negociadora y empática implica obtener resultados muy diferentes a los que obtendríamos si, por ejemplo, dejamos que todo siga su curso y «que gane el más fuerte».

En momentos de mucha ansiedad o de estrés continuado, muchas personas se vuelven significativamente más irritables, y no son capaces de reaccionar bien ante aquello que les genera sentimiento de frustración. Por ello, en este estado psicológico las discusiones se vuelven más acaloradas y es más fácil que no se busque llegar a una solución consensuada, sino dar salida inmediatamente a ese malestar acumulado.

Por ejemplo, un jefe de departamento que no sepa gestionar bien su estrés podría intentar desautorizar a un cargo intermedio delante del equipo o incluso humillarlo, algo que además de dañar personalmente a este último, es malo para la dinámica de trabajo de la organización.

2. Mayor exposición a los trastornos psicológicos

Las personas que viven en propia carne un exceso de estrés laboral de manera ordinary, se vuelven más vulnerables a una gran variedad de trastornos psicológicos, entre los que destacan la depresión, el insomnio y las adicciones.

No hay que olvidar que si las cosas no funcionan bien en nuestra manera de adaptarnos a un puesto de trabajo, eso implica sufrir un desgaste psicológico durante muchas horas a la semana, y que en empresas muy fundamentadas en el valor de la competitividad, este malestar puede llegar a ser casi ininterrumpido y acompañar a la persona a casa durante sus horas de tiempo libre.

3. Abandono de la orientación a la consecución de metas

Un aspecto muy importante a la hora de hacer que un proyecto profesional funcione es orientarse siempre hacia las metas. Es decir, no limitarse a «cumplir» y ya está, sino adaptar el propio comportamiento dependiendo de los problemas que van surgiendo, sin tener que esperar a que otros nos indiquen por su propia iniciativa que hay un cambio de planes.

Cuando dejamos que el estrés se vaya acumulando en nosotros y no le damos salida de manera satisfactoria, esto nos lleva a un estado de fatiga que limita significativamente nuestro rendimiento en el trabajo. Por ejemplo, incluso si seguimos llegando a los objetivos mínimos diarios, semanales o mensuales, probablemente estaremos dejando de lado otros sub-objetivos «no oficiales» que es importante atender por puro sentido común, más allá de las indicaciones directas de nuestros superiores.

4. Aparición de un mal ambiente de trabajo

Como resultado de todo lo anterior, gestionar de una manera inadecuada el estrés hace que la manera de funcionar de toda la empresa en common, o de determinados departamentos en explicit (si el problema solo afecta a esas personas) se deteriore, generando un mal ambiente laboral que se nota tanto en la dinámica de trabajo como en las relaciones formales e informales entre trabajadores: desconfianza, resentimiento, miedo a que surjan nuevos proyectos en los que trabajar en equipo, and so on.

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